Niño de 7 años mató a su padrastro para que no volviera abusar de su hermanita

Muchas veces la realidad supera la ficción y que en ocasiones ni los monstruos más temibles se asemejan a las atrocidades que pudo cometer este hombre, tal es el caso de Lauro. Un hombre que aprovechándose de su fuerza cometió durante años las peores bajezas en contra de estos dos pobres angelitos.

Originario de Acacoyagua, Chiapas, Jesús vivía al lado de su hermanita (María de 4 años ), madre y padrastro. A sus escasos 7 años de edad, Jesús al igual que muchos niños de la comunidad trabajaba en el campo pizcando aguacate y diversos frutos, mientras que su madre se dedicaba a la crianza de animales.

Todas las mañanas Jesús se levantaba a las 4:00 de la mañana; esperaba a que su mamá le hiciera un cafe y le calentara un par de tortillas para no irse a trabajar con el estómago vacío, y poco antes de las 5:00 am, el pequeño salía de su casa para irse derechito al campo, en donde trabajaba cerca de 10 horas al día para ganar $200 pesos a la semana.

Muchas veces la realidad supera la ficción y que en ocasiones ni los monstruos más temibles se asemejan a las atrocidades que pudo cometer este hombre, tal es el caso de Lauro. Un hombre que aprovechándose de su fuerza cometió durante años las peores bajezas en contra de estos dos pobres angelitos.

Originario de Acacoyagua, Chiapas, Jesús vivía al lado de su hermanita (María de 4 años ), madre y padrastro. A sus escasos 7 años de edad, Jesús al igual que muchos niños de la comunidad trabajaba en el campo pizcando aguacate y diversos frutos, mientras que su madre se dedicaba a la crianza de animales.

Todas las mañanas Jesús se levantaba a las 4:00 de la mañana; esperaba a que su mamá le hiciera un cafe y le calentara un par de tortillas para no irse a trabajar con el estómago vacío, y poco antes de las 5:00 am, el pequeño salía de su casa para irse derechito al campo, en donde trabajaba cerca de 10 horas al día para ganar $200 pesos a la semana.

Todo parecía un día normal, el pequeño se levantó a la misma hora y salió como de costumbre directo a su trabajo, sin embargo, ahora algo era diferente…

El reloj marcaba las 10:00 am. Jesús caminó tranquilamente hasta su casa y justo cuando abrió la puerta ahí estaba él…

Los gritos de María retumbaban en toda la casa y Jesús sentía que su cerebro explotaría en cualquier momento. Instantáneamente sus ojos se clavaron en el piso, en donde por todos lados había ropa de la menor y del mismo Lauro, quien ya estaba montado encima de la niña.

Un sentimiento de odio incontrolable recorrió a Jesús, pero no fue hasta ver los ojos llenos de lágrimas de su hermanita, que Jesús se armó de valor y tomó la pistola de arriba de la mesa, esa pistola con la que tantas veces él fue amenazado y golpeado…

Sin darle tiempo ni siquiera de pensar, el pequeño le apuntó a Lauro como tantas veces había soñado y sin titubear un segundo, Jesús jaló del gatillo arrancando con ello el último aliento de aquella bestia disfrazada de hombre.

El cuerpo de aquel monstruo quedó inmóvil sobre el cuerpo de María antes de que este pudiera cumplir una vez más aquella asquerosidad.

Afortunadamente y debido a su edad, Jesús no pudo ser juzgado, sin embargo, él y María fueron enviados a una casa hogar en donde reciben terapia psicológica mientras se decide su situación familiar.

Esta es una de las tantas historias que suceden día con día frente a nuestros ojos, esta es la realidad que lamentablemente muchos se niegan a ver. Se supone que el hogar es el lugar más seguro para un niño o niña en vías de crecimiento… digo “se supone” porque una vez que un niño es abusado se produce un quiebre casi imposible de sanar. Dicen que puedes tirar un plato al suelo, una piedra al ventanal pero…¿Queda igual a como era antes?

 

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