Madre reza por su hija de 5 años que agoniza. Entonces, la pequeña susurra ESTAS palabras

La vida es una abanico de sorpresas, y siempre nos tiene guardadas las mejores. A veces pueden ser buena, y otras veces, pueden malas u horribles, pero lo que sí es cierto es que todo pasa en la vida por alguna razón, y aunque a las personas nos puede parecer que no es justo y en la mayoría de ocasiones no estamos de acuerdo, todo ello tiene su repercusión. Una gran lección tuvieron que aprender los padres de una pequeña llamada Britanny Bakenhaster.

Nuestra protagonista era un niña muy madura, ya que se sabía de memoria versículos de la Biblia, cantaba en la iglesia y estaba llena de vida. Pero todo cambió de repente, cuando una mañana, su madre Jamie escuchó un extraño ruido en su cuarto. Parecía un problema relacionado con la respiración, y se trataba de su hija. La cogió en brazos y la zarandeó mientras pedía ayuda a Dios. Resultó que Britanny tuvo una crisis convulsiva tónico-crónica, y cuando sus padres la llevaron de urgencia al hospital, los médicos dijeron que se trataba de epilepsia.

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La madre se sentía culpable porque era una condición familiar, y se asustó porque pensó que su hija sería como ella. Pensó que al proporcionarle medicinas, todo volvería a la normalidad, pero no fue así, ya que cuando los doctores le dieron la primera dosis, las convulsiones empeoraron. La niña no era capaz de sentarse, ni de mirar a las personas que la llamaban. Estaba completamente ida.

Jamie, como cualquier madre, se sentía responsable por todo lo ocurrido, además de impotente por no poder ayudar a su hija cuando lo necesitaba. Se culpaba a sí misma demasiado y pensaba que todo estaba relacionado con la enfermedad que ella tenía. Durante los próximos 2 años, la enfermedad de Britanny agotó a sus padres económicamente, emocionalmente y espiritualmente.

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Un bote de medicamentos les costaba 50$, y no se lo podían permitir. Además, su hija necesitaba un cuidado las 24 horas al día. Sus convulsiones continuaban tanto de día como de noche. También tenía que usar casco para proteger su cabeza de las posibles lesiones o heridas. Sus padres trataron de encontrar ayuda, y la encontraron en nombre de Dios.

Sus padres afirman que Dios les dio su respuesta en el Salmo 37:4-5: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón”. Con estas palabras, Jamie entendió el mensaje que quería darle Dios. Se subió al coche, condujo un buen rato y llegó hasta un patio de juegos.

“Eso es lo que quiero. Quiero que mi hija vuelva a la normalidad, como esos niños que veo jugar”. Y Dios le contestó: “Se hará realidad”. No obstante, los doctores le decían otra cosa. Britanny llevaba más de tres semanas en el hospital, donde le hicieron todo tipo de pruebas. Los doctores vieron que todo su cerebro estaba convulsionado. No se podía hacer nada por ella

Los doctores le recomendaron que se llevara a Britanny a casa para que pudiera estar en paz. Britanny sentía que estaba cerca de la muerte. Jamie pasaba las noches en vela rezando para que su hija se recuperara, pero una mañana, Britanny comenzó a hablar. Susurró: “Jesús, jesús”. La madre pudo ver que en sus ojos que estaba respondiendo y que podía hablar cuando llevaba casi un año sin hacerlo.

Britanny miraba a su madre y describía a Jesús, con unos ojos como el fuego, luces y ángeles. La madre sabía que era demasiado chica como para inventar todas esas cosas. Al día siguiente, la llevaron al médico, y para su impresión, la miraban y todos decían lo mismo: “Vemos en sus ojos que se está recuperando”. Una de las enfermeras dijo que se trataba de un poder superior, y la madre aseguraba que fue gracias a Jesús.

Pasaron unos meses hasta que Britanny sanó completamente, per Jamie empezó a tener jaquecas, aunque los médicos pensaban que era únicamente por estrés. Sin embargo, al tomar medicamentos, sus jaquecas eran cada vez más fuertes. El neurólogo de Jamie le realizó un EEG y para asombro de Jamie, su cerebro había vuelto a la normalidad, por lo que también había sanado.

El médico le preguntó: ¿le gustaría dejar de tomar la medicina? Y así fue. 18 años después, todavía sigue totalmente sana y sin tomar las medicinas. Ahora Britanny tiene 18 años, está en la Universidad y estudia psicología, todavía le encanta cantar en la iglesia y todavía se acuerda del encuentro que tuvo con Jesucristo.

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